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17/04/2007
Una Polla con OrejasSi mi pierna izquierda fuera ortopédica, desayunara boniatos y leyese fotonovelas mi mundo interior sería sin duda un poco más extravagante de lo que ya es. ¿Pero quién sabe? Hay muchos principios de incertidumbre en el mundo, por ejemplo el de Heisenberg, que como todos bien sabemos es Heis. Este fin de semana he estado pensando en cómo el ser humano, debido a la sensibilidad de su conciencia lucha contra todo lo que en verdad, forma parte de lo natural. A esas palabras, convertidas en pautas, a esa racionalización de lo emotivo, también lo llamamos principios. Cuando los sentimientos y la estructurada ética moral entran en conflicto, sufrimos una lucha interna que inclina la balanza hacia un lado o hacia el otro. Es difícil valorar cual de las dos actuaciones refleja un mayor coraje, pero ése es un debate que no quería iniciar en estos precisos instantes. De lo que quiero hablar es del calentamiento global. Sí, porque no importa qué triunfe, si nuestro corazón o nuestra cabeza, porque pase lo que pase, la Madre Tierra está jodida. Los principios, la moral laxa, la ética del triunfo y la gloria le han acabado dando por el culo y eso no es un secreto. Pero si lo pensamos friamente, también lo han hecho nuestras emociones: el odio, la ira, la envidia,... y el amor. Sí, el amor también, y la justicia y la empatía. Nuestros buenos y nuestros malos sentimientos han puesto contra las cuerdas a nuestra propia existencia. Irónico verdad, no queremos dejar de follar, ni que nuestros hijos mueran, queremos vivan en una casa que está calentita mientras le damos al rollo pélvico sin precaución alguna. Toda esta superpoblación infecta al planeta. Señoras, señores, estamos luchando contra la evolución. Nuestras sociedades de justicia y libertad social propician que hasta los más desvalidos se desarrollen y prosperen. Si todos los bichos que nacen y crecen viviesen hasta el máximo de su esperanza de vida, paradójicamente moriríamos todos. Agotaríamos todos los recursos de los que dispone nuestro planeta. En estos días se habla de cómo combatir el calentamiento global. Si los conejos o las ardillas fuesen los responsables, los mataríamos a todos. La humanidad es un cáncer para la Tierra. Lo que ocurre es que todos amamos a unas cuantas células de este tumor y preferimos morirnos antes que buscar la solución anárquica que sin duda condenará a nuestros hijos.
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