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Algy Moncrieff

Una Polla con Orejas

Si mi pierna izquierda fuera ortopédica, desayunara boniatos y leyese
fotonovelas mi mundo interior sería sin duda un poco más extravagante de lo
que ya es. ¿Pero quién sabe? Hay muchos principios de incertidumbre en el
mundo, por ejemplo el de Heisenberg, que como todos bien sabemos es Heis.
Este fin de semana he estado pensando en cómo el ser humano, debido a la
sensibilidad de su conciencia lucha contra todo lo que en verdad, forma
parte de lo natural. A esas palabras, convertidas en pautas, a esa
racionalización de lo emotivo, también lo llamamos principios.
Cuando los sentimientos y la estructurada ética moral entran en conflicto,
sufrimos una lucha interna que inclina la balanza hacia un lado o hacia el
otro. Es difícil valorar cual de las dos actuaciones refleja un mayor
coraje, pero ése es un debate que no quería iniciar en
estos precisos instantes. De lo que quiero hablar es del calentamiento
global.
Sí, porque no importa qué triunfe, si nuestro corazón o nuestra cabeza,
porque pase lo que pase, la Madre Tierra está jodida. Los principios,
la moral laxa, la ética del triunfo y la gloria le han acabado dando por el
culo y eso no es un secreto. Pero si lo pensamos friamente, también lo han
hecho nuestras emociones: el odio, la ira, la envidia,... y el amor.
Sí, el amor también, y la justicia y la empatía. Nuestros buenos y nuestros
malos sentimientos han puesto contra las cuerdas a nuestra propia
existencia. Irónico verdad, no queremos dejar de follar, ni que nuestros
hijos mueran, queremos vivan en una casa que está calentita mientras le damos al rollo pélvico sin precaución alguna. Toda esta
superpoblación infecta al planeta. Señoras, señores, estamos luchando contra
la evolución. Nuestras sociedades de justicia y libertad social propician
que hasta los más desvalidos se desarrollen y prosperen. Si todos los bichos
que nacen y crecen viviesen hasta el máximo de su esperanza de vida, paradójicamente
moriríamos todos. Agotaríamos todos los recursos de los que dispone nuestro
planeta.
En estos días se habla de cómo combatir el calentamiento global. Si los
conejos o las ardillas fuesen los responsables, los mataríamos a todos. La humanidad es un
cáncer para la Tierra. Lo que ocurre es que todos amamos a unas cuantas células de
este tumor y preferimos morirnos antes que buscar la solución anárquica que sin
duda condenará a nuestros hijos.

3 comentarios

ricardo -

paradoga, paradoga

T. -

"Paradógicamente" la solución es ser más humano.

ricardo -

La solución está clarísima: hay que recurrir más a las ventosidades seminales.

Cuida más la ortografía, plis, que da corage leer algunas cosas.